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“Dejo todo en manos de Dios”: la única esperanza en el J. M. de los Ríos

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caraotadigital

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Publicado: 24 de mayo, 2018 — 23:08 p.m. (hace más de 2 meses)

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Es un llanto desgarrador, profundo, eriza la piel, me llena de incógnitas. Aquellos segundos prolongados se producen paradójicamente en medio de una rutina que, no es en ningún momento interrumpida por aquel dolor. De inmediato se escucha “murió un niño”.

Hace apenas minutos cruzamos la entrada del hospital J. M. de los Ríos, otrora centro de referencia nacional en términos de atención médica pediátrica. Hoy, solo resguarda un puñado de carencias, reclamos, angustias y necesidades, muchas necesidades.

“Esto muy fuerte porque se han visto casos de niños que han muerto por falta de tratamiento y medicamentos. Tal vez no mueren por la misma enfermedad sino que además se complican porque las condiciones aquí no son las mejores” relata Sielis Alvarez, madre de Alejandro Rodríguez de 8 años , diagnosticado con leucemia linfoblástica aguda y atendido en el malogrado centro de salud desde septiembre del 2017. Una reelección del presidente Nicolás Maduro no genera en ella ninguna expectativa, lo resume advirtiendo “ el único que cambio que uno espera es que la situación se agrave todavía más”.

Las madres, dedicadas al exclusivo cuidado de sus hijos, explican que la falla en el funcionamiento de los aires acondicionados representan un caldo de cultivo para complicaciones imprevistas que retrasan o sencillamente revierten algún avance alcanzado en el camino hacia la recuperación de los menores. Es así como en algunas áreas los equipos están fuera de servicio desde hace más de dos años.



Maryori Jinete comparte habitación con otras dos madres y sus hijos, su rostro habla de un cansancio que no ha tenido pausa en mucho tiempo. Cuenta que su pequeño, José Pantoja de  7 años  padece hidrocefalia congénita y afortunadamente fue intervenido con éxito en días recientes. Sin embargo a un costo astronómico que sólo es posible gracias a la ayuda e intervención de algunas organizaciones no gubernamentales sensibilizadas con la problemática.

Muestra un pequeño frasco, “ esto es vancomicina, lo venden hasta en cuatro millones de bolívares y mi niño necesita cuatro dosis diaria. Si lo compras vencido puede costar hasta dos millones de bolívares, ni así lo puedo costear”. Si, la desesperación , el contraído presupuesto producto de una hiperinflación escalofriante lleva a la compra de productos que no son aptos para su consumo. Es la Venezuela en los tiempos de Nicolás Maduro a quien, en nuestro camino, vemos dirigirse al país en cadena de radio y televisión tras haber sido reelecto en un comprometido proceso hace tan solo un par de días. Es una escena surrealista en medio de aquel infinito mapa de vicisitudes.



“Yo dejo todo en manos de Dios porque si lo dejamos en manos de la política no conseguiremos nada. Los políticos deben unirse” argumenta Norma Pérez quien destaca la necesidad de que los pacientes tengan una alimentación balanceada que garantice la estabilidad de sus valores, una tarea cuesta arriba debido a la inaccesibilidad de los alimentos por su escasez y disparados costos.

Xiorelis Gil es de Barlovento, de oficio manicurista, lo dejó para atender a a su hijo Giovanni Gil 5 años diagnosticado abril 2017 quien lleva un año de tratamiento de quimioterapia. Su caso trae a colación otra de las dificultades que padecen familias que no viven en la capital del país y que fueron desalojadas de hospedajes pagados por el gobierno como medida de retaliación antes las repetidas protestas protagonizadas en exigencia de respuestas. “Los alquileres los cobran hasta en dólares. Nosotros no ganamos en dólares. Necesitamos ayuda de afuera. Lograr que espontáneos apadrinen a cada niño”, sugiere.



Cómo cada relato, cada historia, cada suspiro y cada mirada perdida pueden preservar un ápice de esperanza es una pregunta que tiene en la ayuda desinteresada de muchos la respuesta más clara. Algunos sensibilizados por sus propias experiencias como pacientes de cáncer han sentido la necesidad de desdoblarse y vencer junto a las madres y familias un mar de obstáculos que van desde la falta de agua, electricidad e incluso de médicos que han huido de la debacle económica que sacude al país. Otros sencillamente están motivados por ver el grotesco abandono.

Para ellos la crisis no es nueva, empezó a notarse desde la gestión de Hugo Chávez, sin embargo, el desplome, aseguran, es notable desde hace poco más de año y medio. “El gobierno no le pone corazón a esto” resumen.



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