Opinión

Venezuela y Nicaragua, por Juan Pablo Guanipa

Por:

Panorama

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Publicado: 20 de julio, 2018 — 10:57 a.m. (hace 1 mes)

Foto por: Panorama

Tan grave como la venezolana, es la situación nicaragüense. Podría decirse que muchas cosas pueden asemejarse en ambos países latinoamericanos. Gobiernos totalitarios de izquierda dirigen ambas naciones. Gobiernos que fueron, en principio, elegidos democráticamente y que han utilizado el control de las instituciones para acabar con la misma democracia que los llevó al poder. 

Han reducido su lucha a mantener el poder sin importarles el costo que esto ha significado para sus respectivos ciudadanos. Quienes han debido asumir el poder como un instrumento para servir y dar oportunidades a la gente, han convertido a la gente en víctimas y a ellos en victimarios. Los pueblos de Venezuela y Nicaragua son víctimas de sus gobiernos. Ya la historia registra varios casos similares.

Los venezolanos hemos hecho todo lo necesario para producir un cambio político en nuestro país. No lo hemos logrado. Estamos obligados a seguir luchando hasta lograrlo. No hay otra opción. No hay forma de que las cosas puedan cambiar mientras Maduro se mantenga de manera abusiva y grosera en el poder. En las protestas del año pasado murieron más de 120 personas. En la calle luchamos por un referendo revocatorio y contra una ilegítima constituyente. 

Cuando decidimos no ir a la farsa de mayo actuamos también de manera masiva y contundente. Así que nuestra tarea continúa. Debemos seguir acumulando fuerzas para mantener e intensificar la presión política, social, militar e internacional que permita que lo más pronto posible podamos liberar a Venezuela de este oprobioso régimen e iniciar inmediatamente la reconstrucción nacional. 

El caso nicaragüense ocupa múltiples espacios de información en este preciso momento. Todo comenzó a mediados de abril de este año cuando se produjo una reacción popular ante el anuncio de una reforma en la seguridad social. 

Ese fue el detonante de toda una realidad de inconformidad social contra un gobierno que se ha convertido en una feroz dictadura. Daniel Ortega y su esposa han ido acabando con el estado de derecho, con la justicia, con la separación de poderes. Han ido aniquilando la constitución, han acabado con los partidos políticos y llegaron hasta a expulsar del poder legislativo a los parlamentarios de la oposición. Así que la protesta dejó de ser por la seguridad social y se convirtió en una exigencia de renuncia del presidente.

La ambición de poder de Ortega y su consorte es tan desmedida, que han reprimido sin contemplaciones a los manifestantes, la mayoría estudiantes. Como todo dictador, califica a la disidencia como golpista y terrorista. Ha sacado a la calle a todas las fuerzas policiales y militares y a grupos paramilitares, militantes de su “causa”, con la finalidad de, literalmente, asesinar a centenares de personas para que la sociedad se atemorice y se aplaque. 

El pueblo de Nicaragua combate en las calles de Managua y en los pueblos. La indignación y la frustración acumulada después de 11 años de desgobierno cada vez más incompetente, corrompido y autoritario ha mantenido a la gente en las calles. Los testimonios que hemos visto y/o escuchado son desgarradores. El régimen se ha dedicado a asediar pueblos, iglesias, universidades. Sus bandas armadas han salido a matar. 

Como en Venezuela, los estudiantes, la Iglesia Católica, la Organización de Estados Americanos, han tenido, cada una en su ámbito, una participación protagónica en la búsqueda del cambio político necesario en Nicaragua. Como en Venezuela el régimen ha aceptado ir a un diálogo con el único objetivo de dilatar su salida y engañar la buena fe de toda una nación que aspira el cambio sin derramamiento de sangre.

 Como en Venezuela el régimen de Nicaragua habla de votos y elecciones cuando todos sabemos que han confiscado sus respectivos sistemas electorales. En Venezuela y en Nicaragua estas dictaduras terminarán más temprano que tarde. La regla, sin excepciones, en todo el mundo, debe ser la democracia, la justicia y la libertad. XX

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